La paradoja del profesor y el banco
Un profesor siempre ha de ser objetivo, pero a veces se olvida. Por ello hoy hablaremos de la paradoja del banquero y el profesor, para que de esta manera no nos olvidemos de lo importante que es no caer en la arbitrariedad.
Pues bien, supongamos que es usted un banquero, y acude dos personas a solicitar un crédito. La primera, tiene una historia de crédito impecable, las perspectivas de su negocio son brillantes y cuenta con avales. Por el contrario, la segunda carece de avales importantes, todavía le faltan por pagar recibos del préstamo anterior, es una persona mayor, está enferma y sus perspectivas de negocio son dudosas.
Ante ello, usted como banquero decide concederle el préstamo al primero, pero no al segundo. Que es lo que sucede en la realidad, ya que la paradoja que intentamos enseñaros es que un banco te concederá exactamente la cantidad de dinero que solicites, siempre y cuando demuestres que no lo necesitas desesperadamente, y por el contrario si lo necesitas de manera apremiadamente no te lo concederán.
“El banco presta paraguas cuando hace bueno, pero se afanan a pedirlos cuando empieza a llover”.
Es decir, tendemos a magnificar los fallos de los alumnos menos excelentes, y como profesor hay que erradicarlo, realmente hay que ser objetivo, porque de este modo, no están ayudando ni al primero, porque le estas vendiendo una realidad que no es, ni al segundo, al no incentivarle para mejorar.

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